lunes, 28 de mayo de 2012

Volksgemeinschaft..la comunidad del pueblo



Estamos convencidos de que nuestro socialismo basado en la hermandad de la sangre se difundirá entre los otros pueblos y dará nueva forma también a la relación entre las naciones, ya que éste contiene en sí la promesa de una nueva liga de los pueblos, más rica en su sustancia que la actual porque se funda en un socialismo atento al honor de los pueblos.
Hermann Schwarz, 1936.
Todavía hoy podemos entender que la historiografía de naturaleza liberal y sobre todo la de matriz progresista o marxista hayan tenido más de un motivo para ocultar ciertos aspectos del nacionalsocialismo considerados por ellos, quizás con toda la razón, bastante embarazosos. Podemos entender perfectamente sus motivos. Las preguntas que muchos historiadores, en la posguerra, se han planteado continuamente, analizando la historia del movimiento nacionalsocialista y su gestión del poder, fueron sustancialmente las siguientes: la Alemania hitleriana, ¿fue un Estado socialista? ¿Es aplicable a la organización político-social del Tercer Reich la categoría de "organización socialista"?


La Alemania nacionalsocialista representó y desarrolló con una clave interpretativa innovadora y auténticamente europea una forma específica y original de "socialismo nacional", (precisamente Albert Speer llegó a felicitarse de este "socialismo al mismo tiempo moderno y alemán), arraigada en el alma del pueblo, rigurosamente antiplutocrática y anticapitalista, competitiva y contrapuesta a la forma "internacionalista" que representaba el experimento marxista de la Rusia soviética. Una visión idealista que representará la centralidad del pensamiento político de Adolf Hitler y de la cual nunca se alejará: "ningún nacionalismo puede existir verdaderamente, hoy, si no está determinado de modo socialista por la colectividad del Volk. Y nadie es un verdadero nacionalsocialista si no hace que el énfasis recaiga sobre la palabra socialista. Es aquí, en este concepto, donde se encuentra la fuerza propulsora de nuestra época".

Así, los mismos nacionalsocialistas no dejaron nunca de subrayar que lo que proponían y luego realizaron, era, a ojos del mundo, el "verdadero socialismo" contrapuesto al marxismo, siempre denunciado por ellos como una impostura de marca judía pensada para engañar a la Nación y a los trabajadores. Precisamente las vicisitudes del segundo conflicto mundial contribuyeron a elevar el tono ideológico del choque militar que estaba teniendo lugar, fue en aquellas circunstancias cuando Alemania "...el primer Estado popular realmente socialista del mundo" evidenció propagandísticamente su posición radicalmente alternativa con respecto a las democracias capitalistas occidentales y al oriente bolchevique.
Será el propio Adolf Hitler, al comentar la guerra en el frente del Este, quien explique con claridad la naturaleza del conflicto ideológico que afectaba a Alemania y a Europa: "A todo alemán que combate hoy en Oriente, yo le puedo dirigir esta invitación: Considerad nuestras realizaciones, nuestras casas, nuestras colonias rurales; comparad nuestras organizaciones nacionalsocialistas con lo que habéis visto allí abajo; comparad la suerte del campesino alemán con la del campesino ruso y dadme después vuestro juicio: ¿Quién lo ha hecho mejor y quién ha tenido las intenciones más honestas?


Ciertamente entre quienes han regresado de Rusia nadie ha dudado a la hora de admitir que sólo en Alemania se estaba realizando un Estado socialista. Pero precisamente por tal motivo este otro mundo, especialmente por cuanto representa los intereses capitalistas, se lanza en contra de nosotros. Es un consorcio que todavía hoy se arroga el gobernar el mundo según su interés capitalista, el dirigirlo y, si es necesario, el maltratarlo" .

La elaboración ideológica desarrollada dentro del movimiento nacionalsocialista fue indudablemente deudora de la aportación cultural que se desarrolló en el "laboratorio" de ideas del radicalismo nacionalista y volkisch que impregnó el inquieto ambiente de la llamada "Revolución Conservadora" , como también de la crítica spengleriana al liberalismo (que el filósofo consideraba, con toda la razón, como hostil desde siempre al concepto de estado), también utilizando aquí la mediación "del instinto alemán auténticamente prusiano" se afirmaba que el dominio político tenía que pertenecer a la "Totalidad", la persona misma tenía que ser puesta al servicio de la "Totalidad", el individuo, más bien, por sí mismo no tenía un valor propio porque debía subordinarse a la "Totalidad", por tanto, la "Totalidad" ostentaba la soberanía. El "Nosotros comunitario" se planteaba, inevitablemente, contrapuesta de forma rígida al "Yo individual".
En la teorización del "socialismo prusiano" se encontraba magníficamente expresada toda la lapidaria incisividad y radicalidad que distinguía la oposición al modelo de la liberal-democracia anglosajona y a la misma "ética" del éxito económico, considerada, siempre por Spengler, como la versión inglesa del calvinismo. A todo esto el filósofo alemán contrapuso lo que él mismo definía como el instinto gótico de la voluntaria subordinación del individuo a la 'Totalidad'. Un instinto y un estilo que se encontraban principalmente en la estirpe prusiana. Por estos motivos Spengler recondujo su propio ideal político a un específico socialismo autoritario de sello prusiano que restituiría la verdadera libertad: la libertad con respecto a la arbitrariedad económica del individuo.la Socialdemocracia lleva contra el capitalismo una lucha evidentemente ficticia, desde el momento en que, a la cabeza de este partido, no se encuentran más que judíos y capitalistas" .
Este "nuevo partido", que acogería en sus filas exclusivamente a trabajadores de nacimiento y descendencia alemana, propugnaría reformas sociales absolutamente radicales, la nacionalización de los bancos y la abolición de la especulación bursátil, rechazaría el modelo de la democracia occidental y también apuntaría a la abolición de la legislación derivada del derecho Romano que, a juicio de los "nuevos socialistas alemanes", había asumido con el tiempo un carácter asocial en perjuicio del interés comunitario hasta el punto de privilegiar el beneficio privado del individuo y de legitimar la especulación y la prevaricación social dañando las categorías populares: " Ya que pretende enfrentarse radicalmente a los problemas planteados por las necesidades nacionales y sociales siguiendo las instancias básicas, incisivas e inflexibles que lo guían a la acción, este nuevo Partido no pretende avanzar propuestas tendentes a obtener reformas sólo aparentes (...) Absolutamente hostil al Capitalismo e impenetrable a las infiltraciones judaicas, el nuevo partido pretende abrirse camino sin tener consideraciones ni hacer concesiones de ningún tipo, dejándose guiar sólo por la búsqueda de la prosperidad nacional al perseguir, junto a una más equitativa distribución de los bienes, la reorganización y la regeneración del vigor de la población alemana, tan duramente puesta a prueba."



El nacionalsocialismo racionalizó y reelaboró todo esto llegando a un socialismo pensado no ya para una sola clase social , sino para toda la comunidad nacional que se soldaría con un joven nacionalismo popular, irreductiblemente extraño y enemigo del conservadurismo reaccionario. Juntos acabaron así formando una máquina de guerra sin precedentes contra el viejo mundo del capitalismo liberal. En el nacionalsocialismo iba así a revivir el mito nunca desaparecido de la síntesis orgánica entre el elemento social y el nacional que habían perseguido generaciones de idealistas y de "sindicalistas revolucionarios" beneficiarios de la lección histórica de Georges Sorel.


Con la bandera roja que llevaba la rueda solar, los nacionalsocialistas quisieron concretar la representación simbólica del significado de la completa realización de esta síntesis que, a su vez, constituía el fundamento del "socialismo alemán". Todo ello siguiendo el lema: Gemeinnutz geht vor Eigennutz, el bien común por encima del interés individual.

Gemeinnutz geht vor Eigennutz, representó, en realidad, mucho más que un lema difundido y movilizante. En la concepción y en la puntualización de la importancia de que el "bien común", es decir, lo útil de la "comunidad popular", siempre debía preceder y prevalecer sobre el interés "privado" del individuo, se puede encontrar fácilmente el significado auténtico e innovador del "socialismo- nacional" alemán y del ordenamiento de la vida popular que de él derivaba: la Volksgemeinschaft.




En la definición étnico-social de la "comunidad orgánica del pueblo", la Volksgemeinschaft nacionalsocialista, no era en absoluto anómalo observar conceptos del tipo: "En el Estado nacionalsocialista, no existe ya una propiedad de la cual el individuo pueda disponer a placer. No existe el derecho ilimitado a la propiedad, sino sólo el derecho, que haya sido merecido, de administrarla por el bien de todos. La propiedad es un préstamo. Ciertamente se puede usar, pero sólo en interés de todos". Afirmaciones semejantes cabían perfectamente en la renovación jurídica alemana emprendida por el régimen nacionalsocialista y expresaban el radical anti-individualismo de los juristas nacionalsocialistas y su oposición al "derecho subjetivo", el derecho burgués por excelencia en el que se basaba la legitimación del sistema capitalista.



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